Ella opina que la homosexualidad es una degeneración, pero no hace política. Vive enamorada de los doctores y concejales de la ley, pero política no, no hace, eso trae problemas. ¿Qué pensará de mi el señor doctor?
Ella esquiva los puntos polémicos como los genocidas, no vaya a ser que se entere el señor doctor ¿Qué pensará de mi el señor doctor?
No cree en el cambio social, la gente es estúpida, nada ni nadie tiene la capacidad de pensar que tiene el señor doctor. No es tan urgente para ella el cambio social, porque esta noche tendrá su comodidad, y algo de amor para mendigar. Él sabe guardar su pensamiento real, agachar la cabeza y esperar, hasta que lo real lo desnuda en su integridad. Tampoco él cree. Lo máximo que puede pedirle a estos estúpidos que luchan por su humanidad, trepados a camiones de basura, es que se ahoguen en alcohol, que se maten en silencio, mientras él se incluye en una ronda de cerveza lamentando la estupidez ajena, regodéandose de su genialidad, de la genial negatividad compartida. Él ve en el pibe la simiente de un cambio, mientras él ve la continuidad de una catarsis. Y que los años prosigan, quietos, aburridos. Quienes lo rodean, con suerte y según sus objetivos serán exitosos los unos, con camionetas y amistad, evolucionarán en sentido celular, Nokia, LG o Personal; los otros se harán fundar con suerte alguna cofradía, monumento a la eterna rebeldía adolescente. La alternativa a la quietud no es mas que mas quietud. Su moral es relativa, no hay mas que un individuo luchando contra el mundo por su placer, hijo dilecto de la degradación moral, que diversas formas encuentra de justificar a esa niña trepando a un tacho de basura. Va a encontrar en Marx, en Nietzche, Paulo Coelho, Kurt Cobain, o A.N.I.M.A.L la justificación a sus posturas. Radicales Católicos apolíticos macristas fetichistas de su espejo, anarkistas individualistas, adoptan al lumpen disfrazado de harapos. Mendigo.
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