lunes, 27 de diciembre de 2010

Recordar aquella gesta histórica correntina del 99, a 11 años. x Adriana Acosta Sosa -MST en P Sur Corrientes

Tras el Correntinazo del 69 y la Gesta del 99 sabemos que Corrientes es madre de las luchas sociales, formadora de revolucionarios.

Alrededor de las 4am del17 de diciembre la gentediscutía los métodos de lucha. Recibimos a De La Rúa con la toma del Puente Gral. Belgrano que llevaba una semana, el pueblo quería una salida duradera a un conflicto profundo.
Los gritos de la muchedumbre se hicieron oír cuando Gendarmería provocó un apagón. Mayores, madres con sus hijos en brazos y chicos huimos de los gases y balas de gomas, en cuestión de minutos desalojamos el Puente.
Gendarmería nos persiguió a través de la Av. 3 de Abril, nos cazaban para golpearnos y amontonarnos en una esquina. Los hospitales no daban a vasto con heridos e intoxicados. Los adolescentes no nos rendíamos, con gomeras defendimos el pueblo y bajo la bandera del Frente de la Resistencia vi mis compañeros caer como moscas.
A la mañana Gendarmería comenzó a entrar a la fuerza a los departamentos con balcones a la avenida  apostándose en las terrazas como francotiradores.  A las 9 de la mañana cae Mauro Ojeda muerto tras recibir un disparo de calibre 22, idéntico al que usaba Gendarmería en sus prácticas de tiro. Luego cae Francisco Escobar en brazos de sus compañeros, pero sabíamos que los muertos eran más de cinco; en un momento perdí la cuenta de los heridos, el humo, el ruido y la sangre me provocaron desmayos.
La mecha de la explosiva protesta correntina que duró diez meses, se encendió en marzo del 99, con la salvaje represión a losalumnos del colegio Gral. San Martin de parte de la patota tatista. Luego los docentes comenzaron sus sentadas en las calles, sueldos atrasados y la desidia de los gobernantes provocaron que la deuda de Corrientes superara la del Paraguay.
En mayo  el Obispo Monseñor Castagnallama allevar luz a los gobernantes, más de 20.000 manifestantes se movilizaron en columnas que convergieron en la Plaza 25 de Mayo. Sus dichos resonaron: "Somos responsables tanto como ellos, pues callamos sus atropellos". El 7 de junio 40.000 personas hicimos vibrar el Puente, pero salvajemente reprimidos por Gendarmería nos refugiamos en la que denominamos Plaza de la Dignidad. Allí se apostaron  carpas populares, había desde abogados hasta médicos autoconvocados; el pueblo colaboró con los que hacían el aguante. Mientras los grandes estaban en asamblea permanente los chicos éramos formados. Allí aprendí de SOCIALISMO, DIGNIDAD, RESPETO, allí aprendí REVOLUCION. También habíamos alquilado la Casa dela Dignidad, donde acopiábamos las donaciones,en el Cabildo Abierto de la plaza había música, teatro, política, locro y había calor de hogar.
Se escuchó: "Tato Preso", "Se va Poccard", ¡Le ganamos al Régimen!, pero no nos íbamos a ir, la Plaza siguió tomada hasta Diciembre.
Aun recuerdo las banderas blancas que la policía desplegó entre Gendarmería y el pueblo cansados de levantar heridos, cantamos el Himno llamando a la Paz. Corrientes soñadora sabe que puede luchar.
 
 
 

lunes, 20 de diciembre de 2010

Allí donde la Ciudad Termina. Payasito Loco

Allí donde la ciudad termina

En el comienzo.

Él solía sentarse al atardecer un poco mas allá de los muros de la ciudad. En algún momento esa costumbre había tenido un comienzo, y probablemente algún atardecer, sin que talvez nadie lo note, finalizaría. Nada en especial lo llevaba hacia ese lugar en esos momentos, diría momentos de soledad, pero la soledad es algo diferente, diría silencio, pero el silencio es íntimo, y en lo que a él se refiere, eso de íntimo talvez no le cuadre demasiado. Quizá es que le gustaba refugiarse allí en donde la intimidad termina, recostado en la base de lo que supo ser un gran árbol. Cada día, cuando el ocaso ya amenazaba con traer una noche, se instalaba plácidamente en dicho lugar. Observaba a los viajeros y sus extrañas expresiones arribando a esa ciudad y creía comprenderlos, la extrañeza en sus rostros, la nostalgia de lo que nunca será propio, de lo que nunca respirará en nuestras bocas. Pero sobretodo lo que llenaba su alma de movimientos era el paso de tres jovencitas, bellas y pobres jóvenes, algunos días. Se sintió atraído por una, la del medio.

Observó cuidadosamente durante algunas tardes de algunos meses a esta casi niña, observó su pelo marrón, sus ojos claros y su frente sucia por el trabajo; creía ver en esa frente una marca, algún extraño símbolo, talvez una huella de algún ángel que tras ser asesinado se vino a vivir a nuestra frente, hecho del cual sólo tenemos noticia por la frente mugrienta de esta chica. En realidad lo que del ángel pudo conservarse es un grito, un grito como el de una fiera en alguna noche eterna atrapada; nada de eso sabía ella, o al menos ello no afectaba su labor cotidiana. Cierto día, traspasa junto a ellas el gran portón de la ciudad y la sigue; en un momento, como era predecible, ella llega a la morada que la aguarda probablemente con cariño. Él duerme esa noche afuera, debajo de estrellas; ella duerme cálida, amada por los ojos de talvez siete u ocho ciegos que bailaban sedientos en el sueño de alguien. A la mañana el le habla ni bien ella traspasa el portoncito del hogar. Le dice que quiere saber el nombre de la dueña de un cuerpo tan bello. Ella se lo dice, y el expresa que nunca pero nunca tendría algo con alguien con semejante nombre, bestial y vulgar.

No vuelve a sentarse por fuera del hormiguero como venía haciendo. Ella prosigue su camino sin grandes crestas hasta que un día, veinticinco años después, se ve sorprendida porque al final de una fiesta ve a alguien físicamente parecido a nuestro amigo.

El héroe decide encerrarse en una pequeña habitación a esperar a que ella venga y le pida disculpas por haberle herido los oídos. La posibilidad de que eso suceda era sumamente inexistente pues ella no lo conocía. Nunca iría a buscarlo a ese lugar, y hasta diría que nunca sabría de la existencia de esa piecita en el fondo de una vieja casa deshabitada y oscura. Sin embargo en la penumbra él escucha pasos, cierra los ojos, y jura no abrirlos nunca más.

Esa primera noche la soñó (A ella y a la noche).

Nuestro amigo pierde la vida, se cree, a los seis días de encierro. Al séptimo deja de respirar y ella descansa en el lugar en el que él solía sentarse y observarla en el camino al río. Tiene lágrimas invasoras en ambas mejillas luego de ver el crepúsculo y escuchar una guitarra y una voz triste.

Otra oportunidad.

Un espejo celebraba la auto-crucifixión de nuestro joven. Mientras tanto ciertos amores se preparaban. Él le había escrito una carta de amor a nuestra jovencita, diciéndole que la perdonaba, y que si ella sentía lo mismo, él saldría de ese cuarto y se iría lejos para volver cuando ya no lo recuerde pero esté, sin embargo, a punto de tener una imagen súbita de su pasado compartido. Asimismo, ese horror que el talvez sintió fue debido a la posibilidad de que ella quisiera asesinar a los hijos de ambos en un arranque de locura talvez compartida. Ella recibe la carta y la quema maldiciendo al hijo de puta que la había escrito, y promete y jura vengarse como nunca antes alguien se ha vengado. Nunca un atardecer fue tan triste y vacío como el de la muerte de nuestro joven. Una tristeza infinita se apoderó de las piedras que él había arrojado al horizonte después de sopesadas y revueltas en su mano con otras. Ellos son mis padres.

El hijo.

Mi madre me regaló a las gentes del circo siendo yo muy

pequeño, y también el circo, aunque su situación empeoró (la del circo).

Ya hace mucho tiempo que tengo asumido que la mayoría de los seres humanos es una cosa asquerosa y mediocre.

Una noche.

Solitario crecí, y nunca le encontré un sentido especial a la posibilidad de sentarse en los atardeceres a observar crepúsculos silenciosos; al contrario, la ciudad para mí nunca tuvo muros. El encierro en el que murió mi progenitor por propio gusto volvió absurdo todo muro, y la ciudad dejó de existir para mí.

Una tarde me encontré caminando lejos de cualquier ciudad, en un sendero que talvez fuese pisado por última vez en tiempos inmemoriales, arcanos, por alguien muy similar a mí; eso me reconfortó en medio de dicha soledad.

Al instante descubrí que el sendero terminaba en un casa deshabitada en cuyo interior me instalé, y soporté un afuera sin límites, y recordé los muros que amaba mi padre y lloré. Al amanecer supe que la casa debería ser quemada, que nadie debería pensar lo que yo en momentos como el que viví, puesto que nadie tendría la fuerza para soportarlo. No me preocupé por salir y no incendié la casa. Al cabo de muchos silencios y sonidos de aves en la montaña, me atreví a cerrar los ojos y esperar a la que aún no ha llegado.

Es de noche, y me siento terriblemente libre. Nadie escucharía un grito mío y nadie gritaría un grito propio si yo pensara en lo que pienso, en la posibilidad de un silencio mas allá de mi garganta y de mis huesos. Nadie podría soportar el peso que soportan mis huesos en una noche así, nadie. Y nadie está aquí. Yo no estoy, y eso me hace libre. Nadie es libre, y en ello reconozco que mi sustancia divaga afuera, sucia, hedionda, cansada, en el camino; y que el camino nunca pero nunca podría caminarse a si mismo, y que en ello yo soy su dueño, en ello y en lo quieto de estas lejanías.

Regreso a los orígenes.

Ningún sentido posible para mi capacidad de verlo, nunca he sabido el nombre de mi madre, y de mi padre tan solo conservo el recuerdo de su preferencia por ser algún héroe absurdo, demasiado absurdo, aún para sí mismo; y además malhumorado. Si se cuenta en el pueblo que la primera vez que se sentó en ese lugar mas allá de del muro, en el que ahora hay un monumento invisible, una hormiga lo picó en un brazo, y que a partir de esa tarde llevó todas las demás tardes el otro brazo cubierto de repelente. Dicen que tuvo un amigo, pero que se alejó de el asqueado como de toda la sociedad. A veces creo que ese es el motivo por el que él y mi supuesta madre se llevaron tan mal.

La madre.

Qué mal me siento. Se ha dicho que soy bella pero cruel; ello es completamente cierto, y me siento mal por la lógica, por la lógica de un atardecer en el que yo no sabía que un joven moría en la oscuridad de un lugar olvidado, tan solo porque yo soy una maldita bruta e ignorante, aunque si me fijo bien no es mi culpa. Mi boca es bella y podría haberlo besado, y este amor no hubiera sido trágico como todos los amores trágicos. Ahora mis manos quisieran recorrer de norte a sur su cuerpo, pero este ya es un vaivén mas de la geografía de lo inhabitado. Si algún día lo encuentran sabré si me amó por la última impresión en sus ojos, y el sabrá por siempre que lo he perdonado por siempre.

Nunca pero nunca me perdonaré esta lejanía, nunca no haberlo amado o al menos visto algunas veces mas de lo que era estúpidamente destinado y huir y ser mi propio juicio y ver que mi hijo será mas libre.

-He vuelto mi amada innombrable- Dijo una voz que ella reconoció como la de él.

-¿Estás vivo?

-No lo sé, siento una extraña sensación en mi pecho y puedes escucharme, pero no podría hacerte el amor, no encuentro mi cuerpo, siento que se quedó en la penumbra de la habitación que me llevó. Eso es, me he ido, he sido llevado.

-¿Pero hacia dónde?

-Hacia aquí, hacia tu perdón y estas palabras que dirán a los cielos y a esa que está lejos, que la he amado por siempre desde que salía de la ciudad y me entregaba a los leones del olvido y el absurdo y te esperaba, amada mía. Y ahora te veo y te siento en mi y en mi cuerpo que te espera en la penumbra.

-¿Pero es que no has muerto?

-Por eso te odié desde un principio, y odié tu horroroso nombre que va mucho mas allá de cualquier borde que persiga a quien me escribe, mas allá de cualquier borde concreto y cualquier nombre real. Él caerá si tiene suerte en un pozo creador, pero a vos amada mía, no te permitiré hacerme esas estúpidas preguntas en medio de mi esfuerzo místico por hablarte a kilómetros de mi mismo; sin poder decir nada, absolutamente nada, y que por segunda vez mi ser todo se pierda en la espera de lo que nunca ha partido hacia mí.

-7-

Nuestro amigo joven.

A la mañana vi a una paloma volar atada a su naturaleza, pude bajarla desde los cielos hacia mi suelo y la comí; al rato vomité, el sonido que emitía me impidió escuchar a la fiera que rodeaba la cabaña, un león. Al principio me alegré porque él no podría entrar, pero después me preocupó el hecho de no poder salir. A la noche observé por un agujero entre las tablas que me recordó la cruz de los humanos y vi a la bestia gris por la luz de la luna entre las montañas reposando tranquilamente; yo no podría hablar con ella. Me espera. Quiere mi carne para alimentarse, se la daría si no tuviera planeado el no dársela. Voy a gritar. ¡Noche Libre!¡Hazme libre! Por favor hazme libre. Y me arrepiento y quiero todo el cuerpo de mi amada en mi frente o en cualquier parte de mi cuerpo, y la bestia se debate con la luna si me asusta un poco mas, y entonces creo que este silencio y esta oscuridad solo los he soportado porque esperaba partir hacia algún poblado durante el día a tratar de conseguir un poco de paz. La bestia se ha ido al poco tiempo de comenzado este soleadísimo y caluroso día en el camino mas solitario que nadie haya recorrido. Y pienso salir y caminar pero la bestia me verá y correrá mas rápido que yo y entonces todo este esfuerzo habrá sido vano. Me atrae ser un héroe pero no así.

Entonces la bestia estaba dentro y le habló. Él tan solo comprendió esa sensación en el pecho.

Todos, el padre la madre él la bestia y la paloma fueron el ojo izquierdo de la chica de la izquierda.

-8-

La chica de la izquierda.

Ella lava la ropa; ve su reflejo en el río, ve el reflejo del río en sus ojos, el reflejo del río en el río del río de sus ojos en el río. Y siente que desvanece, una sensación profunda la aísla, algo sublime, quiere desnudarse y darle un hijo al río. Se desnuda. El río refleja y baña y acaricia el cuerpo mas bello del universo. Agua fresca, agua fría en la tibieza de la joven. La joven baila, no está ahí, no está en ninguna parte, la otra joven la mira, no comprende, siente pánico por ver que alguien tomó la delantera en algo que ella tantas veces temió en su silencio proletario.

La chica de la izquierda siente crecer desde su propia salud y tibieza algo sagrado dentro suyo. No soy yo ni es ella. Por las tardes, camino al río, besa a la chica de la derecha. Se aman acarician. Se tocan en el río y el río y sus reflejos se tocan con su reflejo. Si alguna mira hacia abajo un cópula infinita hace peligrar todo lo que ha sido construido y algo extremamente sagrado procura nacer nuevamente, y no soy yo, ni su mente.

No son ellas, ni siquiera sus manos, sus rostros se desarman, son corazones, corazones de otra, corazones de ausencia de lo que infinitamente se escapa y logra poblar el desierto de sus existencias.

Todas las tardes lo mismo. La tarde se tiñe de crepúsculo.

-9-

El león.

En la sexta tarde de amor vieron un león del otro lado del charquito y escucharon un avión a lo lejos. Pensaron en que los leones no saltan tan alto como puede llegar un avión. Se dijeron que ninguna sabía si los leones sabían nadar y se preguntaron y conjeturaron sobre el hecho de que la bestia no haya cruzado el río para morderlas y teñirlo como el ocaso a ella y como la vida a sus dientes. Y él no cruzó y ellas no supieron si por perdón o por alguna causa natural. Y se besaron con mas calor y su saliva fue mas intensa en tanto que la bestia podría cruzar en algún momento pero no parecía querer hacerlo. Y jugaron a ser leonas. Salieron del río en cuatro patas emitiendo sonidos inmensamente diferentes a los del león y el león las miró de lejos hasta la noche en la que sonidos de tambores llegaron desde el este de los muros del este, a través del río en el gris de la luna llena.

En la fiesta de la luna llena el vino lavaba la frente pesada y los ojos ciegos de los ciegos del poblado y la frente pesada y los ojos no tan ciegos de los demás asistentes. Nadie miraba, todos miraban sus propios pies encorvando sus espaldas arqueando sus cuellos agradeciendo la posibilidad de que sus pies sean propios. Si algún pie sangraba el éxtasis de esas gentes era inmenso, ello nos enardecía. La fiesta cuenta en esta ocasión con unas veinte personas, unas pocas viejas, viejos sabios, y los demás jóvenes de ambos sexos cuya transpiración delataba su perfección y sabiduría. Los tambores guiaban a los corazones hacia el alba. Desde lejos el león observaba el fuego y el fuego bailaba en el fuego de sus ojos. Ojalá me fuera posible ser dios para saber si pensaba. Ojalá yo pudiera ver por un instante con los ojos del león.

-10-

La ciudad conmovida.

Y la mañana encontró a la ciudad desierta. El pueblo salió a la caza de la bestia que asesinó la pureza de las jóvenes orilleras crepusculares. Tan solo algunas personas se quedaron a preparar

La celebración de las exequias de los pobres; prepararon el lugar santo. La bestia huyó lejos. No la encontraron. Mirando y oyendo los sonidos inarticulados que brotaban de la boca de una religiosa la gente, sobretodo los viejos, pensaba en las bocas, los senos, y los genitales de esas jóvenes casi niñas; la promesa de un placer libertario , incumplida.

La noche profunda respondió al misterio con voz de bailarina. Le dijo: el fuego perece, las llamas bailan lo sensual de una mirada sin ojos. Le daré a esta gente lo que quiere. Y un fuerte viento apagó el fuego que bailaba mas allá del muro y la ciudad entera dentro de ellos quedó en penumbras, y cada uno de los habitantes un rato después en sus lugares, en la oscuridad y en medio de un silencio roto tan solo por una gotera, esperó a alguien. Nadie vino.

-Si yo estuviera en el río, sumergido absolutamente, sentiría el agua fresca a mis espaldas. Me sentiría sin límites- Se repetían.

-Podemos sentirlas, las bellas jóvenes no se han ido, iremos a buscarlas al río, que bañó sus cuerpos y sus manos, le diremos que nos hable de ellas, le daremos nuestras pieles humanas para que desde dentro el río conozca su ausencia, su irse y su nunca venir- Todos sabían que todos pensaban lo mismo y en el abismo de su estupidez la gotera extendió tan solo una vez su intervalo y la luz regresó y sus vidas prosiguieron horriblemente normales.

- Y la felicidad volvió- dijeron por última vez algo juntos en el unísono silencioso de sus introspecciones.

El río siguió su cauce.

-11-

Un solitario.

El viento. Mi soledad. La estupidez que me impide escribir una historia...

Esta ciudad debería llamarse “El ocaso del silencio”, solamente por el hecho de que según se viene diciendo, una extraña historia se ha desarrollado en ella. Dicen que un chico que solía sentarse afuera de aquí está encerrado hace años en alguno de estos lugares, sin comida ni bebida, sin luz. Muchos dicen que murió y se llevó consigo su silencio, otros dicen que no. Dicen que tuvo un hijo con una chica a la que nunca tocó. Absurdo, estupidez de la gente. Dicen que este hijo se fue de aquí siendo muy pequeño y nadie supo nada más de él. Dicen que su madre aún vive. Una completa cadena de absurdos. Si ella tuviera una nieta hija del río entonces esto se colmaría.

La historia que les contaré habla de mí, no puedo inspirarme en otra cosa, no puedo inventar y no puedo escribir realidades de otro tipo. Es de mañana, escribo en un cuarto pequeño sobre una mesita sentado en una silla precaria y poética. Hay una ventana a través de la cual veo unas niñitas jugando con piedritas en la sombra de deja la casita de enfrente, casita pobre y antigua de un color medio gris, húmeda. Una de esas niñas tiene los ojos mas hermosos que he visto, son marrones como el río. Conozco a su madre. Al parecer no tiene padre. Su madre nunca me habló de él ni de nada. No habla mucho, dice buen día y nada mas, o buenas tardes (nunca la he visto de noche). No sé si la niña tendrá un nombre, nunca lo he escuchado ni me lo ha dicho. A veces temo que esos ojos me reflejen, siento que me voy, que me hundo en un lugar que no es lugar, que no tiene espacio, caigo sin arriba ni abajo y resurjo de esa desesperación tan solo por la sensación de que sé su nombre (el de la niña, sus ojos, la desesperación). Ni bien vuelvo se muy bien que no lo sé, que no sé saberlo. Su madre conoce a la chica que es la madre del hijo de ese personaje ficticio del que hablan las gentes y del que les hablé; a veces temo ser ese personaje pero me salva la ventana y el sol radiante que me inunda en las mañanas. Temo ser alguien de quien hablo y que mi única realidad sea esa desesperación del irme en los ojos de esa niña.

Al día siguiente.

La madre de la niña me ha hablado mas que de costumbre, me dijo que su niña es sagrada y que es hija del río y que pequé por tener pensamientos puros con ella, la madre, y por mirar unos ojos que miran solamente, y que no puedes ver mirar. Decidí cerrar la ventana y enfrentarme a la sagrada y terrorífica posibilidad de ser el hombre de la leyenda.

-12-

Alguien comenta.

La ciudad nunca terminó. Tanto crepúsculo de tiempo perdido.

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Pastora.

Pasaron los años y la niña de los ojos hija del río se hizo una bella jovencita de extrema bondad. Su nombre era Pastora.

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Un encuentro.

Una tarde Pastora fue a sentarse a la orilla del río pues sintió el llamado de su padre cosa que no supo. Mientras cantaba alegremente y pensaba en la otra orilla oyó pasos y vio llegar a un joven, un poco mayor que ella. El le dijo que venía de los caminos en busca de un amor, que quería saber qué se sentía al amar a alguien de un modo diferente al fraternal. Ella respondió que ella podría amarlo si él quería, y se esforzaría por hacerlo feliz, y entonces se besaron.

El río lloró y se alegró como lloran y se alegran los ríos. Regresaron a la ciudad tomados de la mano. Al atardecer entraron en la casita en la que ella vivía con su madre, quién tuvo una extraña sensación en el pecho al verlo. La chica los presentó. La madre le pidió que la cuide pues la chica era muy especial, él asintió y se sintió feliz. Se besaron hasta el amanecer y al amanecer continuaron besándose y a la tarde se despertaron. Durmieron en el suelo sobre un colchoncito debajo de la mesa en esa pequeña casita. Eran felices. Al segundo día de encierro y libertad y puro amor ella le dijo que sentía en su pecho el latir de un profundo designio y que él debería estar listo para los avatares que suelen traer los profundos designios, él la besó y le dijo que la acompañaría adonde fuera y que daría por ella todo lo que esté a sus alcance.

Entonces en la tercera tarde desde el inicio de su amor fueron juntos, temprano, al río. Ella le pidió que entraran, él sin saber porqué lo comprendía, comprendía el hecho, como si lo hubiera hecho ya miles de veces y entraron, con sus ropas todas. Él lo comprendió aún mas, algo sin palabras lo perdonó, lo bendijo, lo hizo ser el amor que sentía por ella, el agua cubrió su frente. Salieron del río en silencio y caminaron en silencio con un bello crepúsculo a sus espaldas. En la casita aún siguieron varios días de solo amor, amor en la mañana en la tarde por la noche. Pura libertad. Un beso podía durar horas, sus bocas dolían y sus corazones clamaban por mas. Una cierta mañana el le contó su historia, la de su padre y la de su madre, y ella a su vez le contó la suya. Se pensaron íntimamente ligados. Sus madres se conocían; el padre de ella había visto a ambas todas las tardes desde sus infancias en adelante; los padres de ambos son extraños seres, perdidos para siempre y sagrados.

Decidieron formar una familia. Él era capaz de manejar cualquier arte, desde el de la carpintería hasta el de retratar personas o componer melodías. En los siguientes días él construyó con sus propias manos una casita de barro, pensando todo el tiempo en las aves y en su nido y sus nidos. El ranchito tenía una ventanita, era la mas hermosa casa que he visto, mas hermosa en tanto que el la levantó con sus propias manos. Juntos armaron una huertita y plantaron un arbolito. Fueron tan felices. Mas allá de estas líneas no habría mas recuerdo de su historia. La mas bella y probablemente olvidada. Ojalá inspire a los jóvenes amantes a construir casitas de barro con humildad y a aguardar en el corazón, siempre, un deseo que observa el atardecer mas allá de los muros.

-15-

En busca de una geometría.

A la tardecita él caminaba por los alrededores de su lugar solitario, llano, seco y con montañas a lo lejos. Observaba las piedras a sus pies y algo lo tenía sumamente inquieto, le parecía que en la naturaleza hay una forma geométrica que se repite en perfectas proporciones, mas allá de cualquier abstracción que él pudiera hacer; esa forma era mas o menos así y él ya la había visto hasta en su gomita de borrar rota. Lo asustaba la no existencia o la promesa de la inexistencia del azar, o al menos lo tenía absorto en pensamientos, azar cuya existencia lo aterrorizaba antes. Un día cuando terminaron de hacer el amor él le dijo que partiría a las montañas al día siguientes, siempre al día siguiente, que averiguaría sobre su geometría.

Nunca mas volvió. Ella vio esa ausencia en sus ojos y vio, por siempre, en los ojos, lo indescriptible de lo sagrado.

Al atardecer a todos los asaltó el recuerdo de un ranchito; muchos nunca habían visto uno pero esa nostalgia invadió a todos por igual. Cuando digo todos me refiero a todos los habitantes de esa ciudad, incluidos los perros. Nuestro joven héroe, “Discípulo de poema” era el nombre que el imaginó que su padre querría para él, comía un animal que había cazado, al borde de un fueguito en una cueva húmeda y bella en la montaña. Pensaba en su Pastorcita y en su propia madre y en el río y en la madre del río. Supo que amaba a la divina Pastora; en realidad siempre lo supo, pero en ese momento supo que la amaba en ese momento. Cuanta alegría sentía en ese lugar en ese momento, en esa soledad. Desde hacía ya un tiempo había visto venida a menos su capacidad de alegrarse; había pensado que era normal en su evolución, que sus necesidades cambiaron, o que el tipo de situaciones que requería para ser feliz talvez cambió y tendía cada vez mas hacia una soledad mas intensa, y un rodearse de naturaleza. –Ese es mi destino- Se dijo y sonrió, como admirándose a si mismo. –Te amo, Pastorcita- Dijo en voz baja. Una mañana él abrazó a una piedra grande y tibia por el sol y ansió con todo su ser el ser esa piedra, ser parte de ella, observar en la quieta eternidad de las piedras esa lejanía tan bella; antes había pensado ser los ojos de su amada y hasta el paisaje de la casita abandonada y la espera de la fiera. No se convirtió en piedra y lloró triste tirado debajo de la piedra por tres días hasta que caminó al río, entró, y se dejó llevar por las aguas impasibles.

-16-

El joven, río, recuerdos y un hallazgo.

En las aguas escuchó la melodía mas hermosa de su vida, pensó en la música de sus días y en la poesía de sus noches; recordó que su amada al principio le pareció un corazón, tan solo o demasiadamente su corazón, con latidos y una belleza de corazón y sangre que emanaba de la belleza en forma pura; recordó que sus latidos lo hicieron llorar de alegría y que no lo dijo, que la primera noche que estuvieron juntos, en un descanso en el que ella cerró los ojos, él fue a la ventanita y miró la noche estrellada y la calle de tierra y la casita de enfrente con la ventana en la que se percibía la luz de una vela y se sintió entonces acompañado y ya no tuvo miedo de ese amor tan profundo y sintió que su cuerpo no bastaba, que quería dejar de ser, que debía volver a alguna parte, talvez al río o a la intemperie que signó su vida o talvez a la compañía de su madre, esa bella y triste mujer.

Sintió el agua en su lugar y hubiera sentido el tibio demasiado tibio de una lágrima tibia si todo su cuerpo y sus ojos no estuvieran cubiertos de agua fría hermosamente fría.

Salió del río en una costa extraña en una noche clara y caminó entre los árboles de la costa alejándose de ella hasta encontrarse con un ranchito sin puerta dentro del cual había una vela encendida y alguien escribía algo. Llegó y le dijo su nombre y le preguntó qué escribía a lo que la persona, una muchacha hermosa de ojos claros y tristes, contestó: - Trato hace meses de escribir una historia, y de ser parte de una historia. Trato de escribirla para algún dios o santo, pero no creo en ninguno y a veces pienso en escribirla para mi pero no me inspira demasiado, y a veces trato de hacer arte y con él denunciar los males del mundo de las ciudades en las que habité hace poco, pero el arte se resiste, como si me dijera que yo no lo escribo con mi voluntad ni mis intentos de hacer proyectos y entonces tan solo me queda escribir y tratar de comprender lo que escribo, como en este momento, en él estoy viviendo o talvez sufriendo algo que no pude escribir, no pude escribir a una hermosa joven escribiendo y dejándose morir lejos de todos y entonces acá me vez, lejos de todo con la compañía casual de alguien que podría ser un loco, y además esta todo mojado.

-¿ No me dirás que te trajo el río?-

-Me gustaría acompañarte, besarte todas las noches y que trates de describir después todas esas sensaciones voluptuosas que se producen uno a otro los amantes.

-Entonces ya besame. Es un buen momento.-

Y se dieron calor y amor, y siguieron días felices.

-17-

Pastora, Luna de esta Noche y la chica del ranchito.

Pastora aprendió a pensar como lo hacía él y vivió sola. Escribía con un clavo en las paredes de la casita, con las pocas palabras que sabia, sentía que en cierta medida compartía un mismo destino con la nueva amante de aquel que hasta hace unos instantes había amado. Escribió sobre la luna y sobre el tiempo y además sobre los animales que vagaban salvajes en la noche, y escribió sobre si misma.

Al cabo de un tiempo una viajante harapienta, de su misma edad, hermosa como ella, llegó al ranchito, en una noche de luna llena, su nombre era “Luna de esta noche” y venía desde lejos, desde una gran ciudad al norte. Le contó parte de su historia, le dijo que decidió partir por que pensó que lo único que podría darle sentido a los días que corren era huir a la montaña, era intentar oír su alma, el alma de la montaña, una noche; le dijo sobre las contradicciones que vivió en la ciudad, sobre la mentira y la maldad de sus habitantes y sobres los demonios que a su vez anidaban en ella, y sobre su amor sereno a la soledad y a la compañía de una amor que siempre huye. Le habló de una promesa, una promesa que talvez nadie le había hecho, pero que sentía que era lo único que tenía, y que le había puesto hace unos días en un camino sin rumbo para los que la ven, y sin embargo para ella en realidad un camino incomprensible que ella no caminaba, que sentía que la caminaba, y que tarde o temprano y con viento a favor haría llegar hasta su corazón, sus ojos y su alma entera, eso sagrado que ella presentía.

Se abrazaron y se sintieron hermanas sagradamente hermanas y compartieron la cena.

Al amanecer partieron juntas sin mirar atrás.

Atravesaron las montañas, comieron animales cazados con flechas y bebieron de los manantiales. Un cierto mediodía llegaron a un ranchito desde atrás y dieron la vuelta y encontraron a una chica escribiendo, sola; le preguntaron si podían descansar ahí esa noche y la chica le pidió que por favor se queden unos días, que quería planear algo con ellas. Ellas le preguntaron si tenía conocimiento sobre que ellas vendrían y le respondió que no, pero que en el modo en que se había acostumbrado a ver el mundo, ello podría suceder, y había mas posibilidades de ello que de otras cosas, y que además no la sorprendía y que sí le sorprendía que a ellas le sorprenda la posibilidad de planear algo las tres siendo que ella recién las conocía.

Les contó que entre otras cosas que solía pensar, parecidas a la llegada de ellas dos, solía pensar en los caminantes que pasarán día a día o día por medio o talvez cada tanto, a pocos metros del ranchito, y que no la verían y que no sabrían que ahí a metros de ellos, que se creen en la mas plena soledad, había una chica escribiendo una historia poco inspirada que pronto la llevaría a la ciudad, puesto que seguramente no podría escribir sobre la ciudad. Solía pensar en los que pasan y no se acercan y también en alguno que talvez alguna vez la vio dormir, de cerca, desde dentro del ranchito quizás, y que después de robarse algo insignificante como algunas nueces o alguna página escrita, hubo de irse. Las visitantes escuchaban atentas. Luna de esta noche le dijo que por cosas así se puso en camino, se lanzó a la noche y a los días y a las lunas y a los soles amenazantes de los mediodías.

Esa noche celebraron juntas la grata compañía. A la mañana nadaron desnudas en el río; dos de ellas ni siquiera sabían el secreto que guardaba la tercera con el río.

Decidieron ir juntas a la ciudad de Pastora; cuando cruzaron los muros ella pensó en su madre y sus amigos y yo pensé en ellas.

En la plaza mayor leyeron lo escrito por la chica del ranchito, como si fuera un manifiesto y talvez lo era.

En muchos ciclos del sol tan solo escribió lo siguiente, que fue oído esa mañana:

Manifiesto. (Leído por la chica del ranchito alejado)

Esta noche un caminante bebe del agua que he dejado, y nadie calmará mi sed. Pero sé que el río tiene un hijo y que me hará suya.

Y que ya huiré tan lejos pues mi huida estará en sus manos.

Siempre huiré, hacia el río y hacia el agua bebida por el caminante. Y cuando quiera ser esa agua tan solo deberé cantar, y cantar la melodía que escuché durante cien días mientras esperaba el regreso de la melodía no escrita. Y ahora les digo: vayan al río y en el río la sangre de una bestia perdonará para siempre aquello que no necesita perdón, aquello que es mi carne lejos de sus manos, mi mano apartada de sus labios, mi silencio vacío de palabras de amor. Entonces talvez regrese y esta noche todos estarán en el río y pensaré en ustedes.

Muchos lloraron al oírla, muchos aplaudieron y muchos la odiaron. La plaza estaba llena. Después de leer, ella se desnudó y pidió a gritos que le hagan el amor. Todos querían, tan solo un niño de doce años se acercó y acerco los genitales a los de ella pero se lo impidieron. Y ella lloró por la estupidez de esa gente.

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Regreso al ranchito.

Una profunda lógica podía respirarse en todo lo que en aquel día sucedía; el la vería desde un rincón de la ciudad, la vería y volvería a casa, para construir cosas, para olvidar su soledad, para besarla y algunas noches talvez caminar solo en los alrededores sin luces y mirar el cielo y que en el cielo se refleje su ineptitud para ser feliz. Ella le daría su amor; el calorcito de una camita pequeña compartida en un ranchito; A veces oír a lo lejos un tren o talvez una cabalgata o un triste canto indígena, elegía de la luna; a veces querer pensar en una fiera, silenciosa, sangrienta, grave, paciente.

Allí donde la ciudad termina nace la verdad de nuestro amigo que llevará a su amada abrazándola y mirando el horizonte como queriendo decirse que se está despidiendo, que no se está quedando, como si la ciudad que queda fuera diferente al crepúsculo hacia el que se dirigen.

En el ranchito.

La luz baja del farol encendido en la mesita. Afuera una noche clara. Pareciera que toda luz desciende, que toda luz, incluso la lunar, desciende y los atraviesa, y atraviesa a los amantes y se lleva sus rostros y sus gestos. Ellos, tranquilos, talvez no tan ellos, talvez mas luna, se observan entre si, como si cada uno quisiera llorar la belleza del otro y lo efímero del amor con que cada uno realiza un gesto, casi distraído, casi ajeno.

Ella ve enfrente suyo la silueta oscura de ese que regresó, de ese que en el fondo es un niño, un niño que huye pues su valentía lo desborda, un niño no mas niño que niña ella, no menos adulto que ella.

Él conserva en sus párpados sus primeras huellas de montaña, de huida.

Ella lo quiere de una forma diferente ahora, lo ama distinto. La primer noche después de la partida de él, ella sintió la paz de conocer al menos el destino de algo; lo pensó solo y pensando en ella, se pensó sola y se dijo que siempre estuvo sola, que talvez ese fuera su verdadero rostro.

Él ve en ella las huellas de lo divino, el profundo misterio de sus raíces.

Al amanecer se fue a pescar y trajo el almuerzo; a la noche salieron a la puerta nada mas que con los harapos que le servían de ropa y sin decir una palabra caminaron en sentidos opuestos y el alba sorprendió a ambos lejos del hogar y entre si, en profundas llanuras de horizontes desnudos y bajo hermosos cielos. Cada uno notó que algo había muerto y que algo nacería.

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En el camino.

Ambos vieron flores en sus caminos, flores silvestres que daban toda la impresión de estar huyendo, como ellos. Él bebió agua del río. Ella comió una manzana que encontró en un árbol perdido entre otros árboles y sus pies dolieron y entonces se tendió debajo de este y en su sombra y soñó con un mar, que nunca había visto y que había oído en relatos de viajantes, y además soñó con una persona que comenzó a relatarle una historia, su nombre era Cristian...

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Fantasmas.

Él temió amarla, temió nunca poder olvidarla, y presa de la desesperación corrió en dirección a ella, corrió cuanto pudo y su sudor fue sagrado; la vio en un sueño, ella se bañaba en ese río tan íntimo a ambos, era agua marrón, era costa de arena y barro; vio ese cuerpo desnudo cubierto por el agua hasta el vientre; sintió amor y desconsuelo.

Quiso ser río, río que lleva, río que endulza, río que ama. Ella sonrió, no era un sueño, era un recuerdo, fueron tan felices; era de mediodía, habían despertado juntos, él la vio despertar, la amaba pero no sabia, hicieron el amor y caminaron hacia el río.

Cuanto la amó. Y despertó y supo que ella no volvería, que la había perdido y que no la olvidaría; se preguntó por qué no pudo ver en el momento la belleza de aquel momento en el río y lo eterno que seria. Una imagen fugitiva y una alegría y deseos de amar y ser como viento en la piel. Los fantasmas de un amor, lo persiguen; de regreso miraría al cielo y al río y estaría conmigo en este mediodía.

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Primera heroína.

Entretanto en la ciudad de muros ajenos la madre de nuestro joven héroe trabaja en una canastita hecha de Isipó que recogió en la costa; mientras sus dedos trabajaban hábilmente ella podía escuchar como desde otra mente, como al pasar, ecos de antiguas voces y sonidos de la naturaleza en su cabeza; de vez en cuando una voz decía amor, y una olvido. Una vieja melodía de algún lejano país del Norte, simple como ella, se escondía entre susurros fantasmales. La bella mujer se levantó se levantó de la mesa en la que trabajaba como llamada por algo y fue a la puerta de la pequeña casa y atravesó además el jardín de pocas plantas y fue hacia el portón de alambre grueso y caño, rústico, sostenido entre sencillas columnitas que terminaban poco debajo de sus senos aún esbeltos y debajo de un sol enceguecedor de mediodía observó la calle de ripio y el césped de la veredita y las baldosas grises casi blancas que forman un caminito hacia el portón y miró las sencillas casas de enfrente y árboles en veredas distantes y en patios circundantes y escuchó alegres gritos de niños y el sonido de una pequeña avioneta que volaba alto y miró hacia abajo, hacia sus piernas y sus pies y sus zapatitos negros y vio un niño muy serio de negros ojos fijos en ella en el jardín de enfrente, desdibujado en múltiples rombos por el entramado del tejido y se dijo que no conocía a ese niño como a ninguno de los habitantes de esas casas y entonces cruzó el portón y le habló al niño que no respondió y cuya mirada siguió plantada en la lejanía y entonces ella no pudo mas que golpear las manos esperando ser atendida; escuchó sonidos de un almuerzo de un almuerzo adentro y a través de una cortina hecha de palitos salió una mujer con aspecto de madre sabia de varios hijos y con ojos claros y transparentes, verdes. Nuestra amiga le dijo hola y le preguntó si le gustaría sentarse bajo algún árbol a hablar de la vida a hablar de la vida y la mujer asintió y callada traspasó el portoncito no sin antes besar en la frente, de frente, al niño. Se sentaron a la sombra de un árbol situado en un pequeño campito próximo a sus hogares y nuestra heroína adulta le contó que había nacido en esa ciudad y en esa casita enfrente de la suya y que sus padres habían sido muy buenos con ella y que su padre trabajó la madera y su madre labraba vasijas de barro que traía del río en el que lavó desde siempre la ropa de su familia y la suya y la de otras gentes para ayudar a sus padres a traer el pan para ella y sus tres hermanos mas chicos y le contó que teniendo diecisiete años un chico talvez un poco mayor que ella se le acercó, frente al murito de su casa, y le dijo algunas cosas bellas y otras horribles y la miró con ojos como de tormenta y se fue y que ella nunca supo su nombre ni su destino, nunca mas lo vio, y tan solo habló con él sin poder verlo una tarde y ambos hablaron como si se hubieran conocido y se hubieran amado y nuevamente él dijo cosas bellas y cosas feas y contó además nuestra heroína, con un poco de pudor, que extrañamente ella había concebido un hijo de él, siendo virgen, y que él niño al cumplir los tres años se fue, solo, de la casa. Su nueva amiga estalló en lágrimas y le dijo que nunca había escuchado una historia así y ambas se abrazaron.

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Hija del río.

Debajo del árbol recordó el momento en que habían hecho el amor por primera, en el que le había regalado su virginidad tan preciosamente guardada. Recordó la luz de la luna entrando por la ventanita y los latidos de los corazones y los sonidos que emitían.

Se dijo que los seres humanos están hechos para la tristeza pues no tienen la fuerza para soportar situaciones tan hermosas y tan importantes. Ya podía vislumbrase el crepúsculo y otra vez la noche de la soledad gritaría su nombre en el silencio del bosque próximo.

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Primera heroína y su nueva amiga.

Le preguntó a la mujer que acababa de conocer, por el niño, que esta había besado antes de salir. La mujer le dijo que el niño se llamaba Distancia y que tenía siete años y que había tomado su nombre de aquello que había signado los primeros tiempos de la relación entre ambos progenitores; además la mujer cuyo nombre era Adriana le dijo que tanto para ella como para muchos ese niño tenía como nadie la capacidad de fijar la mirada durante horas en algo o en alguien. Esa mañana el niño se levantó, saludó a todos, a su padre, sus dos hermanas y a ella sus madre y fue y se paró en el jardincito y tan solo observó. A veces se lo ve lagrimear y conservar durante largos minutos su piel erizada y a su madre en realidad no le preocupa eso porque sabe que le sucede debido a una intensa sensibilidad frente a cosas que talvez para el resto de familia eran nimias. –Es un buen niño- Dijo y concluyó.

-Me recuerda al mío, que se fue de las casas siendo muy pequeño- Dijo nuestra heroína, de nombre Atardecer, y siguieron hablando de bueyes perdidos.

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Los jóvenes fugitivos. Regreso del héroe.

Llegó un amanecer algunos días después; durante el regreso sintióse terriblemente estúpido y cobarde. Se detuvo en la puerta en la que tenía que agacharse un poquito para ver dentro; adentro no había nada, algunas cosas, nada mas. Ella no estaba. Estaba la camita que la madre de ella les había obsequiado. Estaba la pequeña mesita con un jarrito de metal adentro Estaba la luz que entraba por la ventanita que daba al sur y que se situaba enfrente de la puerta, estaban la puerta es mas bien un orificio de entrada y de salida puesto que no tenía ni siquiera una cortinita. Él se preguntó cómo pudieron ser tan valientes y dormir bajo noches y días probablemente infinitos en ese ranchito. De las paredes no pendía nada, de las paredes de madera y barro. Él pensó que deberían tener un cuadrito, tan solo uno, sencillo y en una esquinita, talvez uno de una canoíta o de un barquito. No entró, se dio media vuelta y fue al monte cerquita para buscar elementos y cuando los hubo conseguido se construyó se construyó una choza enfrente del ranchito. Una precaria choza. A ella la esperó durante todo un año. Ella no volvió y entonces fue al río padre de ella que no es ese que está próximo a su hogar y la encontró allí, hermosa mirando hacia un ocaso, con mucha piel descubierta por los harapos que la vestían. Sus ojos claros, cristalinos, húmedos por alguna lágrima circundante, como siempre, o talvez húmedos siempre para conservar en ellos un recuerdo o marca visible de aquel que fue el padre de ella. La encontró sentada en la costita, en la arenita, en la hora en que las cosas se vuelven un poco marrones y un poco rojas. Ella no lo oyó venir, aunque talvez ella nunca lo oyó venir.

-Pastora ¿Querés venir al ranchito, nuestro hogar?- Lo último lo dijo en un tono casi inaudible y sonrió. Ella aún no lo oye. –Mira a la rivera opuesta- Piensa él. Entonces se sienta detrás y la abraza, como que la envuelve. Ella está inmóvil pero él nota que su corazón late fuerte y su respiración se acelera y que tiembla un poquito.

-Si volvés conmigo vamos a hacer unos pescaditos fritos y un arrozito y nademos en el río y riamos de la nada-

-Yo no sé lo que quiero –

-Yo si lo sé, si me seguís hasta nuestro hogar talvez lo descubras- Dijo él con una voz que a él mismo le pareció patética. Ella no dice nada, se para, mira en dirección al camino que tomarán hacia su hogar y no comienza a caminar hasta que el la abrazó y la empujó un poquitito, muy suavemente, para incitarla a caminar y ella comienza a hacerlo lentamente, un pie tras otro. Camina en silencio, su amado se esfuerza sobremanera para hacerla reír; no lo logra.

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Llegada. Una senda al desierto.

Caminaron en silencio hasta el ranchito; él recordó esa vez en la que descubrió al final de un camino desierto una casa deshabitada, no tan casa. Como las cosas pasan se sentaron a la orilla a observar un crepúsculo; no se sabía bien quién caía, si el sol o ellos. Toda la costa estaba llena de árboles, también la rivera opuesta. Las canoítas de los pescadores y las aves que ellos veían atravesar algo delante del río, volvíanse negras; entonces un pajarito de pecho amarillo se posó en una rama próxima a ellos pero muy por encima, a su derecha. Ellos estaban en un banquito muy rústico. El ave contó un poquito junto a otra ave lejana y después calló. Y la noche también, y se fueron dormir y el quería hacer el amor pero supo que ella no estaba ahí con él; esto era en realidad así porque ella durmió en el ranchito y en la chocita. Al amanecer se fue a verla y la vio despertarse, la vio tan bella, tan esos ojos marrones que siempre están lejos, tan ese pelo también marrón, clarito, en esa cabeza perfecta. Y esa boca viva, de un ser vivo, que el besaba por horas, antes, por muchas horas. Ahora no pudo besarla, sabía que aunque lo hiciera ella no estaría ahí, que estaba en otra parte, infinitamente lejos. Ella abrió los ojos y el sintió un amor profundo y se contuvo para no sentarse en el borde de la camita y abrazarla y no dejarla levantarse, por la fuerza, y obligarla a nunca alejarse de él.

-Pastora ¿Te preparo un cochengo?-

Ella lo mira al rostro con una expresión muy triste y él supo que ella era ahora como aquélla casita desierta que él había encontrado y recordó lo que pensó en ella. Qué tristeza.

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Aquí estuvimos.

Aquí estuvimos se dijo él, a la vista de un lugar en el que supieron besarse y charlar y pensar en un futuro juntos. Y dijo aquí estuvimos y supo al instante que en su corazón ninguno de esos lugares que frecuentaban, que se habían de ellos y de su historia, habría de reposar en paz como una quieta partecita que sencilla y caminando despacito se convirtió en una zona iluminada en el día por los ojos del amante y en la noche amenazada por su boca y sus besos que nunca callarán y parecieran nunca querer reposarse y retener ese grito como una daga en una noche silenciosa y solitaria llena de fantasmas que podrían llevarnos hacia una especie de abismo que es abismo para nosotros pues nada en esa noche nos perdonó no nos dio una palmadita en el hombro diciendo seguí adelante que una luz en el cauce de este camino como río te hará sentir como en el seno materno, como en la profunda paz tan alejada de la muerte que signa lo que es fecundo como la noche en que Pastora nació por vez primera y (también) nuestro joven héroe que ahora en este preciso instante se diría: Aquí estuvimos. Y que lo diría con el corazón.

Ya era el amanecer del día siguiente y él estaba tumbado a la orilla del sagrado río que le dio alimento a él y a su amada, hija de otro río. Ya es de tarde, él sigue ahí, piensa en volver a la ciudad en la que vivió de niño y se dice que talvez ya no debería vivir tan en el límite del pánico en todas esas noches caminando de bosques y de montañas y de caminos de piedra en los que nadie camina nunca, pero esa noche lejos de todo, reposé debajo de otro árbol al borde de ese río otro, no mío. No pudo dormir, no supo hacerlo.

En la ciudad su madre durmió también mal. Ella no lo veía desde que él tenía tres. Ella era una persona bastante chistosa; en un principio dijo que él se fue cuando tenía tres años porque ella y sus amigas eran tres. Ella no conoció a su nuera, nunca supo que su hijo tenía una noviecita.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Siempre hemos existido. Sintético esbozo autobiográfico para un perfil de facebook

Nacimos hacemos miles de millones de años. Siempre hemos existido en realidad. Somos esa parte de la materia, de la realidad, que empuja por seguir evolucionando, de conjunto, ante las fuerzas conservadoras. Dentro de la humanidad hemos luchado contra todas las formas de opresión, para encontrar ya para mediados del siglo XIX (de la cuenta Cristiana) alguien llamado Karl Marx que sintetizó nuestra experiencia de luchas y sentó las bases fundamentales de un programa revolucionario anticapitalista, en el camino de la liberación humana de la alienación, que es una sola y la misma cosa que la revolución proletaria internacional. Ya para 1940 habíamos recorrido un largo e intenso camino, logrando entusiasmar a l@s explotad@s, y grandes avances. Pero esas fuerzas profundamente ancladas en la realidad, de rostro conservador, nos condenaron al exilio y el asesinato, que no hizo mas que grabar aún mas lo que pretendió borrar: asi es que entrados en el siglo XXI de la era Cristiana llevamos la marca del internacionalismo consecuente de León Trotsky, desparramado como virus revolucionario por estas latitudes (nacionales y continentales) por el viejo Nahuel Moreno. No somos mas que el reflejo superestructural de las ansias de la naturaleza de evolucionar, y de l@s explotad@s y oprimid@s de ser libres y felices.

 

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Palabras sobre la necesidad de permitir el aborto legal, seguro y gratuito. A sacarse la careta. x Cristian González


Un día en el infierno sobre la tierra que es la vida de esa masa 'estadística' que vive en la indigencia,
que no tiene opción, que no recibe todas esas 'legalidades' a las que puede acceder la clase media instruida, y cuyas mujeres sufren terriblemente la opresión, con todas los nombres que le podamos poner. Un día en esas vidas (o un poco de empatía a distancia) creo que haría cambiar o al menos dudar de la visión 'filosófica' 'abstracta' y legalista de much@s. Es fácil hablar de planes, de conciencia, de responsabilidad, de leyes, de hacerse respetar, para esas mujeres que serán profesionales, que podrán tener independencia económica... etc.
Pero no son ellas, en general, las que se van a morir por abortos clandestinos, por la falta de atención, de asesoramiento. Ellas lo hacen si, abortan, en su gran mayoría, con psicólogos, médicos, asesoramiento. Ellas leen, hablan en voz alta, seguras de si mismas. Ellas tienen mas, muchas mas posibilidades de hacer una denuncia, porque sus títulos, su tono imperativo, sus autos, sus contactos sociales y profesionales, en definitiva su cercanía con el 'aparato' de las leyes, la ponen por encima del policía, reclutado en la clase de la otra... esa que tiene aún profundos vínculos con el campo, que es violada y no puede hacer nada porque en general los policías son cómplices de los prostíbulos, cobran un canon por machismo.
Ellas tiene que volver a la villa, donde la vida vale menos, donde todos viven el día a día, donde la violencia y la desesperanza muestra su rostro mas descarado. Ella también va a abortar, pero no tiene el dinero, los contactos. Esta muy empapada en el tabú, el oscurantismo, sino ella, su entorno. Rodeada de iglesias evangélicas, de misticismo. Ella, a diferencia de la otra, no tiene doble moral. No va a la iglesia a hacer sociales para hacer todo lo opuesto a lo que predica. Directamente no va, o si va, termina acatando, encontrando una salida mística pero extremadamente disciplinada a su miseria. Ella se va a morir, muy probablemente. Nadie nunca se preocupó de su vida. De que este sistema la deje tirada, la violente, no le dé un futuro. Pero si, de forma hipócrita, se preocupan de no tener un esclavo mas para su sistema, para engrosar la maquinaria, para ampliar el ejército de reserva industrial, y los soldados para sus ejércitos, su policía. Vamos entrando en el tema de que el aborto es no sólo un tema de género, es profundamente clasista, es de clase social. No legalicemos el aborto. No matemos el tabú, dejemos a la iglesia agitar una de sus banderas mas preciadas. La 'chicas bien' lo seguirán haciendo. El comercio seguirá existiendo. Las proletarias también lo seguirán haciendo pero en peores condiciones, en muchísimas peores condiciones.
 
Internados en los pasillos, en hospitales públicos.
 
La ley
Vamos al plano de la ley. Hay gente que verdaderamente cree que la ley te protege, que llega a todos lados. Que el estado está ahí para ayudarte. Que la policía te cuida. Pero no, en la realidad, hoy, la ley es una farsa, y se aplica sobre los pobres. Y el estado está ahí para reprimirte y robarte. O no es un robo, dos meses de salario por año en concepto de impuestos, cuando los capitalistas casi no los pagan... podría seguir enumerando esas injusticias, esa realidad concreta, cruda. Por ejemplo el hecho de que el estado le paga las buenas vidas de los curas, sabían eso? O que la sangre indígena construyó las riquezas de los defensores de la moral. Ojo, no crean que les decimos a las mujeres embarazate, abortá. No, tenemos que enseñar a conocer su propio cuerpo, las formas de cuidarse, y de vivir el placer que nos es dado vivir a los seres humanos (porque además hoy está claro, cada vez mas, que la represión de los curas está directamente relacionada con la pedofilia) y que en los casos en que queden embarazadas puedan decidir sobre su propio cuerpo, sus planes, su futuro. No me voy a poner acá a filosofar o hablar de la subjetividad, de las redes de deseo, de Lacan, Freud, Levi Strauss, pero un ser humano tiene un nombre, es deseado, se inscribe en una red de relaciones simbólicas y de libido, necesidad. Todo eso no es tenido en cuenta en los planteos en contra, que se atienen, lo repito, a esa legalidad abstracta, a ese concepto de la jurisdicción moderna llamado 'persona'. Yo quiero que dejen de morirse dos mujeres por día por abortos clandestinos. Quiero el fin de la hipocresía, y que los que aquí opinan salgan a exigir que se apliquen las leyes sobre educación sexual. Que se deje de alimentar al oscurantismo de la iglesia con la plata de nuestros impuestos (separación de la iglesia y el estado), que se garantizen los anticonceptivos (buenos) en los centros de salud públicos (¿Vieron lo que son los centros de salud pública?) y que, para ir al fondo, terminemos con este sistema capitalista profundamente desigual, que es la raíz de todos los males.
 
 
 
 

jueves, 18 de noviembre de 2010

Anduvimos por Curuzú. Mucho Circo oficial por el bicentenario, intentando tapar la realidad. La revolución inconclusa.

El finde pasado estuvimos compartiendo la primera aparación pública, masiva de la Asamblea Ambiental y Contracultural Curuzú-cuateña. Fuimos militantes de MST, de la Asamblea Ambiental Libreña y la Asamblea de Músicos y Artistas Libreños. La ocasión fue el Bicentenario de Curuzú que llenaría de banderas la ciudad, de propaganda y un gran Circo montado con el dinero público. Durante cuatro días se realizaron actividades que culminaron con un festival y la presencia de la jefa Capitalista Cristina Fernandez y el gobernador Correntino. Asistimos, al igual que en nuestra ciudad, y en todos los pueblos y ciudades de nuestro país, a una contracara de los festejos, del Circo montado por los gobiernos. En el trayecto observábamos los monocultivos de Pino y Eucaliptus, especies exóticas destinadas a la producción de Pasta Celulósica, que secan nuestras tierras, acaban con nuestros bosques nativos

Cementerio y Monocultivo. Metáfora fotográfica
; acorralan a las especies que viven en ellos, todo para beneficio de pocas familias capitalistas, en su mayoría extranjeras. Vimos las infinita miseria y abandono de los pueblos, donde los trabajadores deben conformarse con la ayuda estatal, o las migajas que se les caen a los soberbios patrones. Vimos los talleres abandonados del ferrocarril, esa verdadera masacre social que realizó Menem en los 90 y que mantuvieron los gobiernos sub-siguientes hasta la fecha. ¿Cuantos ex empleados ferroviarios albergan la esperanza de reactivar los trenes para unir al país, para que viajen económicamente las familas obreras? La gran simpatía que genera la propuesta del Tren para Todos que lleva adelante Proyecto Sur y todos los que la acompañamos es mas que tangible, por su significado ambiental, económico y social.El barro del Bicentenario
En Noviembre del 2010 asistimos a la realidad de casas de adobe y de tablas, de esas que no cuentan en los índices oficiales ni aparecen en la publicidad burguesa, oficialista u opositora.
En Noviembre del 2010 asistimos a la realidad de casas de adobe y de tablas, de esas que no cuentan en los índices oficiales ni aparecen en la publicidad burguesa, oficialista u opositora. Casas situadas a cuadras de donde la presidenta se nombraría a sí misma y a su gobierno como el punto máximo, el mejor, al que podemos aspirar los argentinos.
Yo me pregunto si en Corrientes no mueren niños desnutridos como en nuestra vecina Misiones o si simplemente no salen a la luz, si simplemente no son registrados.  Me inclino definitivamente por la segunda opción. Pero tenemos que hablar de la resistencia y la lucha popular. Aún en ciudades como Curuzú o Paso de los Libres, donde existe una gran apatía hacia la política, un fuerte descreimiento en los cambios, la gente se empieza a organizar. Los jóvenes preguntan, los viejos vuelven a entusiasmarse. Es el signo de los tiempos. El surgimiento de las Asambleas Ambientales y Culturales, y también del MST en estas ciudades, no es un hecho aislado, significa un importante cambio en el ánimo de las masas.
El surgimiento de las Asambleas Ambientales y Culturales, y también del MST en estas ciudades, no es un hecho aislado, significa un importante cambio en el ánimo de las masas.
Considero que son las huellas dejadas por el Argentinazo, que reactivan la esperanza y la experiencia acumulada de luchas de nuestro pueblo. Felices encontramos compañer@s dispuest@s a llevar la campaña de Pino 2011 en Curuzú, tal como haremos en nuestra ciudad. Disputar en todas partes por una alternativa a los viejos partidos y el bi-partidismo. También tenemos que reconocer que el haber creado juntos a muchas organizaciones el Foro Ambiental Correntino sirvió para poder dar una referencia para poder impulsar Asambleas en todas partes, como se verá en las fotos, se trabajó materiales del foro, en el marco del mes Ambiental Correntino. A diferencia de la impresión que tienen los gobiernos, de apoyo popular, de poder, nosotros encontramos que en la charla cara a cara, persona a persona, son innumerables las personas disconformes con ellos, con políticas como la represa de Ayuí o las Pasteras, Minería a Cielo Abierto, etc. Ni hablar de la decepción y la bronca de los jubilados por el veto al 82% móvil. En nuestro corto viaje pudimos repartir miles de volantes en conjunto con los cumpas Curuzú-Cuateños. Vimos jóvenes deseosos de transformar la realidad de miseria en la que está inmersa la mayoría de nuestros pueblos y ciudades. De regreso compartíamos la felicidad de haber podido acompañar los primeros pasos de la Asamblea Ambiental local y encontrar luchador@s dispuest@s a impulsar Proyecto Sur, desde una pluralidad de posiciones. Llegados a Libres nos enteramos del aumento fraudulento y violento del boleto del Transporte, por el Gobierno Kirchnerista de Camau en la Capital provincial, y los golpes y la judicialización recibidas por los cumpas correntinos, empeñados en defender el bolsillo popular. La lucha sigue.Cristian González
Mi blog y mas imágenes...  http://creacionespayasito.blogspot.com/2010/11/instantaneas-del-viaje-de-mst-la.html
Vimos los talleres abandonados del ferrocarril, esa verdadera masacre social que realizó Menem en los 90 y que mantuvieron los gobiernos sub-siguientes hasta la fecha. ¿Cuantos ex empleados ferroviarios albergan la esperanza de reactivar los trenes para unir al país, para que viajen económicamente las familas obreras?
 
 
Represor Aramburu. Con Flores (!). Mártir de la 'Patria financiera' y fascista.
 
 
www.creacionespayasito.blogspot.com
 
"...el haber creado juntos a muchas organizaciones el Foro Ambiental Correntino sirvió para poder dar una referencia para poder impulsar Asambleas en todas partes..." www.foroambientalcorrentino.blogspot.com
Mes Ambiental Correntino
La ocasión fue el Bicentenario de Curuzú que llenaría de banderas la ciudad, de propaganda y un gran Circo montado con el dinero público. Durante cuatro días se realizaron actividades que culminaron con un festival y la presencia de la jefa Capitalista Cristina Fernandez y el gobernador Correntino